El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que 50 millones de barriles de petróleo venezolano ya se dirigen a Houston, Texas, tras la reciente flexibilización de restricciones para empresas energéticas que operan en Venezuela.
El anuncio lo hizo durante un mitin en Georgia, donde calificó la operación como algo “fantástico” para el nuevo esquema económico.
Según explicó, los cargamentos viajan en buques de gran capacidad rumbo a Houston, uno de los principales centros energéticos del país. El movimiento ocurre semanas después de cambios en la política estadounidense hacia el sector petrolero venezolano.
En su discurso, Trump también mencionó a Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, señalando que se está trabajando bajo un nuevo esquema de cooperación energética tras la detención de Nicolás Maduro.
“Nos llevamos 50 millones de barriles de petróleo. Están flotando en este momento hacia Houston”, expresó ante simpatizantes.
El mensaje fue claro: Estados Unidos vuelve a mover piezas clave en el tablero energético latinoamericano.
Flexibilizan sanciones y abren la puerta a grandes petroleras
El anuncio llegó un día después de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos publicara una norma que flexibiliza restricciones para compañías que operan en el sector energético venezolano.
Las nuevas licencias permiten transacciones con la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) bajo condiciones estrictas. Entre las empresas beneficiadas se encuentran:
- Chevron
- BP
- Eni
- Shell
- Repsol
Los contratos deberán regirse bajo jurisdicción estadounidense y cualquier pago a personas sancionadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros deberá pasar por cuentas designadas por el Tesoro.
El secretario de Energía, Chris Wright, explicó que las ventas podrían superar los 10 mil millones de dólares anuales, considerando acuerdos ya firmados y proyecciones en curso.
Washington mantendrá control sobre ingresos petroleros
Uno de los puntos más relevantes es que Estados Unidos mantendrá control “indefinido” sobre la comercialización del crudo venezolano. Esto implica que los ingresos derivados del principal recurso de exportación de Venezuela dependerán de las decisiones de Washington.
De acuerdo con Wright, el petróleo venezolano es especialmente compatible con refinerías estadounidenses construidas en los años setenta, lo que facilita su procesamiento. Además, destacó que el crudo podría utilizarse para la producción de asfalto, impactando directamente en el sector de infraestructura y construcción de carreteras en EU.
El acuerdo energético fue calificado como histórico por ambas partes.
Mientras tanto, el gobierno estadounidense asegura que los ingresos generados servirán para impulsar la reconstrucción institucional en Venezuela, fortalecer la prensa libre y promover un modelo de gobierno representativo.
Con este movimiento, la relación energética entre Estados Unidos y Venezuela entra en una nueva etapa, marcada por control financiero, cooperación condicionada y un flujo millonario de petróleo rumbo a Texas.









