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Alteraciones en la grasa visceral, una nueva clave en la insuficiencia cardiaca

 La insuficiencia cardiaca, una de las principales causas de morbilidad a nivel mundial, podría tener un origen más profundo de lo que tradicionalmente se pensaba.

Un estudio reciente publicado en el Journal of the American College of Cardiology revela que las alteraciones en el tejido adiposo interno, conocido como grasa visceral, juegan un papel central en el desarrollo de esta enfermedad, que afecta a más de 32 millones de personas en el mundo y a más de 4 millones solo en Estados Unidos. Lejos de ser un simple depósito de energía, el tejido adiposo funciona como un órgano metabólicamente activo, capaz de liberar sustancias que influyen directamente en la salud cardiovascular. Cuando este tejido se altera —principalmente en contextos de obesidad o resistencia a la insulina— se desencadena un estado de inflamación crónica que compromete el funcionamiento del corazón y los vasos sanguíneos.

La grasa visceral y su impacto metabólico

El estudio destaca que la grasa visceral, aquella que rodea órganos como el hígado, el páncreas y los intestinos, es especialmente peligrosa debido a su alta actividad metabólica. Este tipo de grasa libera moléculas inflamatorias y radicales libres que aceleran el deterioro vascular y favorecen el envejecimiento prematuro de los tejidos.

El médico bariatra David Montalvo Castro explica que el exceso de tejido adiposo provoca una alteración en los receptores de insulina ubicados en las células, lo que impide que esta hormona transporte adecuadamente la glucosa. Como consecuencia, se elevan los niveles de azúcar en sangre y se desarrolla resistencia a la insulina, una condición estrechamente relacionada con la diabetes tipo 2 y las enfermedades del corazón.

De la resistencia a la insulina al daño cardiaco

Este desequilibrio metabólico tiene efectos directos sobre el sistema cardiovascular. El exceso de glucosa y lípidos circulantes daña los vasos sanguíneos, incrementa la presión arterial y obliga al corazón a trabajar con mayor esfuerzo. Con el tiempo, este sobreesfuerzo favorece el deterioro progresivo del músculo cardiaco y acelera procesos como la aterosclerosis, caracterizada por la obstrucción de las arterias con placas de colesterol.

De acuerdo con el especialista, existe una relación directa: a mayor cantidad de grasa corporal, mayor resistencia a la insulina y mayor riesgo de complicaciones cardiovasculares. Además, la grasa visceral también se ha vinculado con hígado graso y algunos tipos de cáncer, lo que refuerza su impacto sistémico en la salud.

La obesidad como punto clave de prevención

El análisis del JACC subraya que el tratamiento integral de la obesidad es una de las estrategias más efectivas para frenar esta cadena de alteraciones metabólicas. El abordaje médico especializado permite atender no solo el peso corporal, sino también los factores hormonales, nutricionales y metabólicos que influyen en la acumulación de grasa visceral.

Los hallazgos refuerzan una idea cada vez más aceptada en la comunidad médica: la grasa corporal no es solo un tema estético, sino un órgano activo cuyo desequilibrio puede desencadenar enfermedades crónicas graves como la insuficiencia cardiaca y la diabetes tipo 2. Comprender este vínculo abre nuevas oportunidades para la prevención y el tratamiento temprano de padecimientos cardiovasculares.

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