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Bañarte en la oscuridad antes de dormir: el hábito que podría mejorar tu sueño

La luz juega un papel clave en la calidad de tu sueño, aunque muchas veces lo pasamos por alto.

Nuestro cuerpo funciona con un reloj interno, conocido como ritmo circadiano, que se regula principalmente por la luz y la oscuridad. Cuando anochece y hay poca iluminación, el cerebro libera melatonina, la hormona que le avisa al cuerpo que es momento de descansar.

El problema es que vivimos rodeados de luz artificial: focos LED, pantallas de celular, televisión y computadoras. Estudios científicos han demostrado que exponerse a luz blanca o azul antes de dormir puede retrasar el sueño y hacerlo más ligero, provocando despertares nocturnos y sensación de cansancio al día siguiente.

Por eso, cada vez más especialistas recomiendan reducir estímulos visuales antes de ir a la cama, y aquí es donde surge la idea de bañarse en la oscuridad como parte de una rutina nocturna más consciente y relajante.

¿Qué significa bañarte en la oscuridad y por qué podría ayudarte a dormir?

Bañarte en la oscuridad no es hacerlo a ciegas ni poner en riesgo tu seguridad. Se trata de crear un ambiente con muy poca luz o sin iluminación artificial intensa, permitiendo que el cuerpo y la mente bajen el ritmo antes de dormir.

Muchas personas que practican este hábito aseguran sentir menos estrés, mayor relajación y una desconexión mental más rápida. Al eliminar estímulos visuales, la atención se centra en el sonido del agua, la temperatura y la respiración, lo que ayuda a calmar el sistema nervioso.

Desde el punto de vista científico, reducir la luz antes de dormir favorece la producción natural de melatonina, preparando al cuerpo para conciliar el sueño más rápido. Aunque no existen estudios exclusivos sobre la “ducha oscura”, sus efectos coinciden con principios bien establecidos sobre higiene del sueño y neurobiología.

Beneficios, precauciones y cómo integrar este hábito a tu rutina

Ducharte en la oscuridad puede aportar varios beneficios reales, como una mayor relajación, menos ansiedad nocturna y una transición más suave hacia el descanso. También puede ayudar a quienes tienen insomnio leve o dificultades para “apagar la mente” por la noche.

Sin embargo, no es una práctica recomendada para todas las personas. Quienes tienen problemas de equilibrio, visión reducida o movilidad limitada deben evitar la oscuridad total. En estos casos, usar luz cálida y tenue es una opción más segura.

Para integrarlo a tu rutina, lo ideal es establecer un horario fijo, evitar el celular antes y después de la ducha y mantener el agua tibia. La clave está en que tu cerebro asocie ese momento con descanso, no con prisas ni estímulos.

Bañarte en la oscuridad no es una solución mágica, pero sí puede ser una herramienta sencilla, natural y accesible para mejorar la calidad del sueño. En un entorno lleno de pantallas y ruido visual, regalarle a tu cuerpo unos minutos de calma y oscuridad puede marcar una gran diferencia en cómo duermes cada noche.

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