Un esguince es una lesión de los ligamentos, es decir, de las bandas de tejido que conectan los huesos dentro de una articulación.
Aparece cuando la articulación se mueve de forma brusca más allá de su límite natural, provocando que el ligamento se estire o incluso se rompa. Es una de las lesiones más comunes tanto en la vida diaria como al practicar deporte.
Las zonas más afectadas suelen ser tobillo, rodilla, muñeca y dedos, y las causas más frecuentes incluyen pisar mal, torcer el pie, caer con la mano extendida, usar calzado inadecuado, caminar sobre superficies irregulares o realizar actividad física sin preparación previa. Un punto clave es que quien ya sufrió un esguince tiene mayor riesgo de repetirlo, ya que la articulación queda más vulnerable.
Aunque muchas personas minimizan este tipo de lesión, un esguince mal atendido puede generar dolor crónico o inestabilidad, por eso es importante reconocerlo a tiempo.
Síntomas de un esguince y cómo identificar su gravedad
Los síntomas de un esguince pueden variar según el daño del ligamento, pero los más comunes son dolor inmediato, hinchazón, moretones, limitación del movimiento y sensación de que la articulación “falla” o no sostiene bien. En algunos casos, se escucha un chasquido al momento de la lesión.
Los especialistas clasifican el esguince en tres niveles. El grado I es un estiramiento leve; el grado II implica una rotura parcial del ligamento, y el grado III es una rotura completa, donde puede existir inestabilidad importante e imposibilidad de apoyar la articulación.
Si hay dolor intenso, deformidad, entumecimiento o no puedes mover la zona, es fundamental acudir con un especialista, ya que podría tratarse de una lesión grave o incluso una fractura asociada.
Tratamiento correcto y cómo prevenir futuros esguinces
En los primeros días, el manejo inicial es clave. Se recomienda aplicar el método RICE: reposo, hielo, compresión y elevación, para disminuir dolor e inflamación. Evitar apoyar la articulación, aplicar hielo por lapsos cortos, usar vendaje elástico y mantener la zona elevada ayuda a una mejor recuperación.
Después de la fase aguda, es esencial recuperar movilidad, fuerza y equilibrio, preferentemente con apoyo de fisioterapia. En algunos casos se pueden usar analgésicos, siempre bajo indicación médica. Los esguinces graves pueden requerir estudios de imagen o incluso cirugía.
Para prevenirlos, lo más importante es fortalecer los músculos, calentar antes del ejercicio, usar calzado adecuado y evitar la fatiga excesiva. Si ya hubo lesiones previas, usar soportes o vendajes puede marcar la diferencia.
Un esguince puede parecer simple, pero tratarlo bien desde el inicio es clave para evitar recaídas y cuidar la salud de tus articulaciones a largo plazo.












