Cocinar en casa no siempre garantiza alimentos más seguros, especialmente cuando los utensilios están deteriorados o se usan a temperaturas muy altas.
Investigaciones recientes han demostrado que el calor y el desgaste favorecen la liberación de microplásticos y sustancias químicas que pueden pasar directamente a la comida sin que lo notemos.
Un estudio publicado en Environmental Pollution detectó micro y nanoplásticos en alimentos preparados con utensilios de plástico y sartenes antiadherentes, incluso durante procesos normales de cocción. Estas partículas se desprenden principalmente por dos factores clave: el calor elevado y el desgaste físico, como rayones, grietas o superficies raspadas.
Aunque estas partículas no se ven a simple vista, sí pueden integrarse a los alimentos, lo que convierte a los utensilios en una fuente silenciosa de exposición diaria. No se trata de generar alarma, sino de entender qué materiales requieren mayor cuidado y cuándo es momento de reemplazarlos.
Sartenes antiadherentes y plásticos: los más señalados por especialistas
Las sartenes antiadherentes son prácticas, pero no eternas. La mayoría está recubierta con PTFE, un material que pertenece a la familia de los PFAS, conocidos como “químicos eternos” por su dificultad para degradarse. Cuando estas superficies se rayan, descascaran o se sobrecalientan, pueden liberar compuestos químicos al alimento.
Aunque muchos productos se anuncian como “libres de PFOA”, eso no significa que estén libres de todos los PFAS, solo de uno en específico. Especialistas recomiendan no calentar sartenes vacías, evitar utensilios metálicos y desecharlas cuando el recubrimiento ya está dañado.
En el caso de los plásticos, el riesgo aumenta cuando se usan tablas o cucharas muy rayadas o expuestas repetidamente al calor. Estudios científicos indican que los microplásticos se transfieren con mayor facilidad cuando el material está deteriorado, especialmente en preparaciones calientes.
Qué dice la OMS y cómo reducir riesgos en la cocina diaria
La Organización Mundial de la Salud ha advertido que algunas sustancias químicas presentes en productos cotidianos pueden tener efectos negativos a largo plazo si la exposición es constante. Un ejemplo es el PFOA, clasificado como cancerígeno por la IARC y restringido en muchos países, aunque aún puede encontrarse en utensilios antiguos.
La recomendación no es tirar todo de inmediato, sino identificar utensilios dañados y priorizar materiales más estables. Especialistas sugieren optar por acero inoxidable, vidrio, hierro o cerámica, que liberan menos partículas con el uso normal.
Pequeños hábitos hacen la diferencia: reemplazar utensilios visiblemente dañados, evitar el sobrecalentamiento y elegir productos con certificación alimentaria. Mantener una cocina saludable no solo depende de los ingredientes, sino también de los utensilios que usamos todos los días y de saber cuándo ya cumplieron su ciclo de vida útil.












