El SEDIF sigue metiéndole corazón al programa de Alimentación Escolar en su modalidad caliente, una iniciativa que se alinea con la estrategia nacional “Vive Saludable, Vive Feliz”.
La idea principal es simple pero poderosa: asegurar que niñas y niños de escuelas públicas tengan acceso a una nutrición balanceada, mientras se refuerzan hábitos que les ayudarán a crecer fuerte, sanos y con mejores herramientas para su vida diaria.
Para Ceci Arellano, presidenta del Patronato del SEDIF, la buena alimentación es una pieza clave del desarrollo: favorece el rendimiento escolar, impulsa capacidades cognitivas y emocionales, y siembra en la niñez la semilla de una vida saludable. Ella lo resume así: “Espacios como este desayunador son fundamentales para su bienestar presente y futuro”.
Escuelas como motores de bienestar y convivencia
En esta dinámica, las escuelas se vuelven espacios esenciales para reforzar valores, hábitos y convivencia positiva. El SEDIF toma fuerza bajo la política social impulsada por Claudia Sheinbaum y que en Puebla se aplica con el liderazgo del gobernador Alejandro Armenta. Aquí no solo se trata de medir peso, talla, salud visual o bucal, sino de crear comunidades escolares más fuertes, empáticas y libres de riesgos como el bullying.
Un ejemplo muy claro está en la Primaria Federal 5 de Mayo, en Acatzingo, donde 600 estudiantes reciben diariamente alimentos preparados y organizados bajo un esquema que promueve el respeto, la gratitud, la higiene y la buena convivencia. El simple hábito del lavado de manos antes de comer ya hace una diferencia enorme en la salud y el comportamiento de los estudiantes.
Un trabajo comunitario que deja huella
Nada de esto funcionaría sin la participación activa de las familias. Las madres de familia se organizan en un comité escolar que se encarga de preparar los alimentos, mantener limpio el espacio y asegurar que todo lo que se sirve esté alineado con menús balanceados y adecuados para la niñez.
Entre ellas está Silvia Gómez Lira, quien ve su participación como un acto de gratitud y compromiso. Para ella, cada menú se piensa en función del beneficio real para las niñas y niños: su crecimiento, su energía, su bienestar físico y mental. Y lo dice con emoción: “Agradezco a la presidenta Ceci Arellano y a las autoridades escolares por darme la oportunidad de servir a los escolares, como un día lo hicieron con mi hijo”.
Así, el programa no solo nutre: fortalece valores, crea comunidad y construye futuro.
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