La democracia en México no surgió de la noche a la mañana, es el resultado de décadas de reformas, luchas políticas y apertura gradual que permitieron pasar de un sistema cerrado a uno con competencia real, pluralismo y participación ciudadana.
En ese camino, distintas fuerzas políticas, incluido el PRI, impulsaron cambios que ampliaron la representación y dieron voz a la oposición.
Desde 1963, se abrieron espacios institucionales que sentaron las bases del sistema electoral actual. No fue un proceso perfecto, pero sí decisivo para que el país conociera la alternancia en el poder y elecciones más transparentes. Hoy, ese avance histórico enfrenta una amenaza directa con la reforma electoral que impulsa Morena, la cual —según el PRI— rompe con esa trayectoria democrática y concentra el poder en un solo grupo político.
El mensaje es claro: una democracia puede ser costosa, pero siempre será más barata que vivir bajo una dictadura, donde no hay libertades ni contrapesos reales.
El INE y el Congreso, blancos de la reforma electoral
Uno de los principales focos de alerta es el Instituto Nacional Electoral (INE), institución que durante años ha sido el pilar de la confianza pública en los comicios. Su autonomía ha garantizado que ningún gobierno sea juez y parte en las elecciones, evitando el uso del aparato del Estado para manipular resultados.
De acuerdo con el PRI, la reforma busca debilitar al INE, politizarlo y subordinarlo al Poder Ejecutivo, bajo el discurso engañoso de la “austeridad”. La experiencia internacional demuestra que abaratar la democracia termina saliendo muy caro, como ocurrió en países donde se recortaron instituciones electorales y se perdió el equilibrio de poderes.
Además, la iniciativa también impacta al Congreso de la Unión, ya que modificaría las reglas de representación para sobrerrepresentar a Morena, borrar a las minorías y convertir al Legislativo en un órgano sin independencia ni pluralidad.
PRI advierte sobre autoritarismo y llama a defender libertades
El PRI sostiene que lo que se presenta como una reforma técnica es en realidad una estrategia para reducir la competencia política, asfixiar a la oposición y consolidar una mayoría artificial. Sin un árbitro independiente, las elecciones dejarían de ser democráticas para convertirse en una simulación.
Por ello, el partido aseguró que seguirá denunciando a nivel nacional e internacional lo que considera un intento de retroceso democrático. La defensa de la autonomía del INE, el pluralismo político y los contrapesos institucionales es vista como una tarea urgente frente a una reforma que, advierten, normaliza la concentración del poder.
Con firmeza, el PRI reiteró que no permitirá un retroceso histórico y que seguirá dando la batalla por un país donde todas las voces cuenten, el poder tenga límites y la democracia siga siendo una realidad, no un discurso vacío.












