Puebla, Pue.- En un contexto marcado por hechos violentos que han sacudido a la capital poblana y al país, el arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, hizo un llamado público a la defensa de la vida humana y a la recuperación del respeto por la dignidad de las personas, luego del ataque registrado el fin de semana en la zona de Angelópolis, donde tres personas perdieron la vida, entre ellas una mujer que resultó víctima colateral.
Durante su mensaje pastoral, el jerarca católico lamentó que la violencia se haya normalizado en la vida cotidiana y que los informes diarios estén dominados por hechos que dejan dolor, miedo y duelo en cientos de familias. Señaló que este escenario refleja una pérdida progresiva de valores básicos y del respeto a la persona, situación que, dijo, deteriora la convivencia social y profundiza la fragmentación comunitaria.
El arzobispo expresó su preocupación por la manera en que la violencia se ha vuelto recurrente no solo en Puebla, sino en todo el territorio nacional, al grado de generar un ambiente permanente de incertidumbre. Advirtió que la sociedad vive en un estado de sobresalto constante, en el que cada jornada comienza con la expectativa de conocer un nuevo hecho trágico o una nueva masacre.
Como parte de su pronunciamiento, Sánchez Espinosa realizó una oración especial por las víctimas mortales del ataque ocurrido la madrugada del sábado, así como por sus familias, quienes —subrayó— enfrentan ahora una pérdida irreparable. Al mismo tiempo, reprobó de manera categórica los actos de barbarie que se cometen en distintos puntos del país, los cuales consideró resultado de una profunda descomposición social.
El líder religioso sostuvo que la vida humana debe ser protegida desde su inicio hasta su muerte natural, pero aclaró que este principio no puede utilizarse bajo ninguna circunstancia para justificar la violencia o los crímenes que se cometen a diario. Enfatizó que ningún argumento, ideológico o social, puede legitimar acciones que destruyen familias enteras y vulneran la dignidad humana.
Finalmente, el arzobispo insistió en que la defensa de la vida y la reconstrucción del tejido social no son tareas exclusivas de una institución, sino una responsabilidad colectiva que involucra a autoridades, comunidades y ciudadanía en general, frente a un panorama donde la violencia continúa cobrando vidas y dejando secuelas profundas.
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