Para cualquier estudiante-deportista, llegar a los Ocho Grandes de la Liga ABE no es cosa menor. Es el resultado de meses, incluso años, de trabajo constante, donde se combinan entrenamientos intensos, clases, viajes y sacrificios personales. En este escenario, solo llegan los mejores, y cada partido se vive al máximo nivel.
En ese contexto, Erik Gómez se ha convertido en una pieza clave para la Universidad Interamericana, que está muy cerca de asegurar su lugar en esta fase decisiva. El equipo sabe que cada victoria cuenta, y el margen de error prácticamente no existe.
Más allá del talento, lo que marca la diferencia en esta etapa es la capacidad de mantener la concentración y responder bajo presión, algo que Erik ha demostrado durante la temporada.
Adaptación, confianza y mentalidad ganadora
Llegar a un nuevo equipo siempre implica retos, y Erik no lo oculta. El cambio de institución, sistema de juego y compañeros genera cierta incertidumbre, pero también representa una oportunidad para crecer.
“Siempre hay dudas cuando cambias de equipo, pero también es una motivación para dar lo mejor”, compartió.
Desde su llegada, encontró en la Inter un entorno competitivo, donde las expectativas son altas y el objetivo es claro: pelear por el campeonato. Este enfoque lo ha llevado a comprometerse al máximo, buscando no solo clasificar, sino llegar hasta el último partido.
Un factor clave en su desempeño ha sido la relación con el coach Ordaz, quien le ha dado la confianza necesaria para asumir un rol más importante dentro del equipo.
Liderazgo dentro y fuera de la duela
Más allá de los puntos o asistencias, Erik tiene claro que su aporte va mucho más allá. Ser un líder dentro y fuera de la cancha es una de sus principales responsabilidades, especialmente con jugadores más jóvenes.
En sus palabras, la confianza es la base de todo:
- Confianza del coach hacia los jugadores
- Apoyo entre compañeros
- Ejemplo para los nuevos integrantes del equipo
Este enfoque ha permitido fortalecer la dinámica del grupo, creando un ambiente donde todos empujan hacia el mismo objetivo.
Para Erik, el reto no solo es competir, sino inspirar y guiar a su equipo en momentos clave. Y con la Inter cada vez más cerca de los Ocho Grandes, su liderazgo podría ser determinante para lo que viene.
Al final, el mensaje es claro: no basta con jugar bien, también hay que saber liderar.
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