Cada año, miles de familias reciben una noticia que cambia su vida por completo: el diagnóstico de cáncer en un niño o adolescente.
En el marco del Día Internacional del Cáncer Infantil, que se conmemora cada 25 de febrero, especialistas insisten en algo clave: la detección temprana puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
En México se registran entre 5 mil y 7 mil nuevos casos al año en población de 0 a 19 años. La leucemia representa alrededor del 65% de los diagnósticos y es una de las principales causas de fallecimiento en menores de 5 a 14 años. Aunque la tasa nacional de supervivencia ronda el 50%, en centros especializados puede superar el 70%.
A diferencia del cáncer en adultos, que suele estar relacionado con estilo de vida o factores ambientales, el cáncer infantil generalmente se asocia con alteraciones genéticas y otros factores biológicos. Los tipos más frecuentes incluyen:
- Leucemias, especialmente leucemia linfoblástica aguda.
- Tumores del sistema nervioso central.
- Linfomas.
- Neuroblastoma.
- Tumores óseos.
En niños pequeños predominan las leucemias y tumores embrionarios; en adolescentes, los linfomas y tumores óseos son más comunes.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Uno de los mayores retos es que los primeros síntomas pueden parecer enfermedades comunes. Esto provoca retrasos en el diagnóstico y, en muchos casos, automedicación.
Entre las señales más importantes están:
- Fiebre persistente sin causa clara.
- Moretones o sangrados frecuentes.
- Pérdida de peso inexplicable.
- Fatiga extrema.
- Dolor constante en huesos o articulaciones.
- Inflamación de ganglios.
- Dolor de cabeza persistente acompañado de vómito.
Si estos síntomas no mejoran o se repiten con frecuencia, es fundamental acudir con un especialista. No se trata de alarmar, sino de actuar a tiempo.
Cuando el diagnóstico se realiza en etapas tempranas, las probabilidades de supervivencia pueden superar el 70% u 80%, dependiendo del tipo de tumor y el acceso a tratamiento adecuado.
Tratamientos, avances médicos y el impacto en las familias
El tratamiento del cáncer infantil puede incluir:
- Quimioterapia.
- Cirugía.
- Radioterapia.
- Terapias dirigidas.
- Inmunoterapia.
En los últimos años, los avances científicos han permitido terapias más precisas y menos agresivas. Esto no solo mejora la supervivencia, sino también la calidad de vida a largo plazo.
Además, hoy se reconoce que la atención debe ser integral. El acompañamiento psicológico, el apoyo emocional y la orientación social son piezas clave para el bienestar del paciente y su familia.
El cáncer infantil no solo es un desafío médico, también es un reto social y económico. Las familias enfrentan cambios profundos, pero también encuentran redes de apoyo, solidaridad e investigación científica que ofrecen esperanza.
Hablar del tema no significa generar miedo. Significa generar conciencia. Y la conciencia, cuando se traduce en detección oportuna, puede convertirse en una verdadera oportunidad de vida.