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Cáscara de mandarina: el superalimento que casi todos tiran

Aunque parezca increíble, la cáscara de mandarina contiene más nutrientes que la pulpa que normalmente se consume.

En la mayoría de los hogares se desecha sin pensarlo, pero estudios recientes y el conocimiento tradicional coinciden en que se trata de un auténtico superalimento natural cargado de compuestos bioactivos.

Entre sus principales componentes destacan los flavonoides como la hesperidina y la naringina, además de compuestos fenólicos y vitamina C, conocidos por su potente efecto antioxidante. Estos nutrientes ayudan a combatir el estrés oxidativo, protegen las células del daño causado por los radicales libres y contribuyen a un envejecimiento más saludable.

Aprovechar la cáscara de mandarina no solo es una decisión inteligente para la salud, sino también una forma sencilla de reducir el desperdicio de alimentos y darle un uso funcional a algo que normalmente se considera basura.

Beneficios digestivos, respiratorios y para las defensas

Uno de los usos más populares de la cáscara de mandarina es su efecto positivo sobre el sistema digestivo. Consumida en infusión, puede aliviar la indigestión, los gases y los cólicos, ya que sus aceites esenciales estimulan la producción de enzimas digestivas y favorecen un tránsito intestinal más equilibrado.

Además, su alto contenido de vitamina C y fitoquímicos la convierte en una gran aliada para reforzar el sistema inmunológico, especialmente en temporadas de frío o cambios bruscos de clima. De forma tradicional, también se ha utilizado para aliviar la tos, la congestión nasal y molestias respiratorias leves, gracias a sus propiedades expectorantes y antiinflamatorias.

Incluirla de manera regular, con moderación, puede ayudar a mantener las defensas activas y mejorar la sensación general de bienestar.

Propiedades antiinflamatorias y cómo consumirla correctamente

Otro de los grandes beneficios de la cáscara de mandarina es su capacidad antiinflamatoria, útil para reducir molestias musculares o articulares leves. Sus flavonoides también ayudan a regular el colesterol LDL, conocido como colesterol malo, apoyando así la salud cardiovascular dentro de una dieta equilibrada.

Consumirla es muy sencillo. La forma más común es preparar un té de cáscara de mandarina, hirviendo las cáscaras durante unos 10 minutos, preferentemente de frutas orgánicas. Se puede combinar con canela, jengibre o miel para mejorar el sabor y potenciar sus beneficios.

También puede secarse y molerse para agregarla en polvo a batidos, yogur o postres. Eso sí, es fundamental lavar muy bien la cáscara antes de usarla y, si se tienen padecimientos como hipertensión o tratamientos médicos, consultar a un especialista. Lo que parecía un simple desecho puede convertirse en un gran aliado natural para la salud.