La mancha bacteriana del tomate representa uno de los principales desafíos para los productores, especialmente durante la temporada de lluvias y altas temperaturas. Una investigación reciente reveló que el propio proceso de fumigación podría contribuir, sin intención, a dispersar la bacteria responsable de esta enfermedad.
El hallazgo abre la puerta a nuevas estrategias para proteger los cultivos y mejorar la eficacia de los tratamientos fitosanitarios, reduciendo al mismo tiempo el riesgo de propagación del patógeno entre las plantas.
Investigación sobre la propagación de la mancha bacteriana en el tomate
Investigadores de la University of Florida trabajan en el desarrollo de métodos de fumigación que permitan controlar la enfermedad sin favorecer su dispersión.
La mancha bacteriana es una infección que prospera cuando coinciden lluvias, temperaturas cálidas y altos niveles de humedad, condiciones que aceleran el crecimiento de la bacteria y deterioran rápidamente los frutos, hasta volverlos inviables para su comercialización.
Además del daño directo a la producción, esta enfermedad representa pérdidas económicas importantes para los agricultores, quienes suelen recurrir a fungicidas para intentar contener el problema.
El problema podría estar en la forma de aplicar los tratamientos
Gary Vallad, especialista en fitopatología, explicó que los equipos tradicionales utilizan grandes cantidades de agua a alta presión para distribuir los productos sobre el follaje.
Este procedimiento genera pequeñas partículas suspendidas en el aire que pueden transportar bacterias, permitiendo que el patógeno viaje de una planta a otra y aumente la velocidad de propagación dentro del cultivo.
La observación llevó a los investigadores a plantearse si la fumigación convencional podía convertirse, de manera involuntaria, en un factor adicional de contagio.
Un tomate aún verde y en la planta, presentando síntomas de la mancha bacteriana. Fotografía cortesía de UF/IFAS.
Así comprobaron el desplazamiento de las bacterias
Para responder esa pregunta, el estudiante de doctorado Renzo Ramírez realizó un experimento en campos del Centro de Investigación y Educación de la Costa del Golfo.
Después de infectar plantas de tomate con la bacteria responsable de la enfermedad, simuló una fumigación utilizando un tractor equipado con aspersores y colocó equipos especiales para medir la presencia de bacterias en el aire.
Los resultados fueron reveladores.
Durante las pruebas, realizadas en condiciones favorables para el desarrollo de la enfermedad, los investigadores detectaron bacterias hasta a 7.3 metros de distancia de las plantas infectadas y a una altura de 4.5 metros sobre el suelo.
Los especialistas consideran que la dispersión pudo haber alcanzado distancias mayores, aunque el sistema de monitoreo utilizado no permitió medir más allá de esos puntos.
El clima juega un papel determinante
Los científicos concluyeron que la intensidad de la enfermedad y las condiciones ambientales influyen directamente en la capacidad de las bacterias para desplazarse por el aire durante la fumigación.
Mientras mayor sea la cantidad de plantas infectadas, existe una mayor concentración de bacterias disponibles para ser transportadas por las gotas generadas por los aspersores.
Este descubrimiento puede ayudar a que los agricultores seleccionen con mayor precisión el momento adecuado para aplicar tratamientos y reduzcan el riesgo de extender la enfermedad dentro del cultivo.
Las hojas de esta planta de tomate muestran síntomas de la mancha bacteriana. Fotografía cortesía de UF/IFAS.
Buscan nuevas tecnologías para proteger los cultivos
El equipo de investigación ya trabaja en alternativas para disminuir la formación de bioaerosoles durante la fumigación.
Entre las opciones que actualmente analizan destacan:
- Nuevos tipos de boquillas para aspersión.
- Equipos de bajo volumen con asistencia de aire.
- Modificaciones en la configuración de los fumigadores convencionales.
- Estrategias que reduzcan la generación de partículas microscópicas capaces de transportar bacterias.
Los investigadores consideran que estos cambios podrían convertirse en una herramienta importante para mejorar el manejo sanitario de los cultivos de tomate, especialmente en regiones donde las condiciones climáticas favorecen la aparición de la mancha bacteriana y ponen en riesgo la producción agrícola.
Fotografía cortesía de UF/IFAS.