El hígado graso no alcohólico es uno de los problemas de salud más comunes en la actualidad y suele estar relacionado con una alimentación alta en azúcares, grasas saturadas y productos ultraprocesados.
Aunque muchos ya identifican a los refrescos, la comida rápida o las frituras como enemigos del hígado, existen otros alimentos que suelen pasar inadvertidos y que también pueden causar daño.
Estos productos no son dañinos por sí mismos, pero su consumo frecuente o en exceso puede favorecer la acumulación de grasa en el hígado, sobre todo en personas con sobrepeso, resistencia a la insulina o antecedentes metabólicos. El problema es que muchos se promocionan como naturales o saludables, lo que genera una falsa sensación de seguridad.
Alimentos “naturales” que pueden afectar la salud hepática
Uno de los casos más comunes son los jarabes naturales y endulzantes alternativos como el agave o el dátil. Aunque se perciben como mejores opciones que el azúcar refinado, varios de ellos contienen altos niveles de fructosa, un tipo de azúcar que se metaboliza directamente en el hígado y puede convertirse en grasa cuando se consume en exceso.
También están las bebidas energéticas o estimulantes de origen herbal. Aunque incluyen ingredientes como guaraná o ginseng, muchas contienen grandes cantidades de azúcares o edulcorantes, lo que provoca picos de glucosa e insulina. Incluso las versiones sin azúcar pueden alterar la microbiota intestinal si se consumen de manera constante, influyendo en el desarrollo del hígado graso.
Ultraprocesados veganos y snacks que parecen inofensivos
El crecimiento de las dietas basadas en plantas ha impulsado el consumo de productos veganos ultraprocesados, como hamburguesas o quesos vegetales. Aunque no contienen ingredientes de origen animal, muchos incluyen aceites refinados, grasas saturadas, almidones y azúcares añadidos, que pueden afectar la salud hepática si se convierten en la base de la dieta diaria.
Otro ejemplo son las frutas deshidratadas comercializadas como snack. Aunque se consideran naturales, suelen tener azúcares añadidos o una alta concentración natural de fructosa. Un consumo diario puede generar una sobrecarga metabólica similar a la de productos claramente azucarados, especialmente en personas con prediabetes o hígado graso incipiente.
La clave para proteger el hígado está en la moderación y la lectura de etiquetas. Priorizar alimentos frescos, limitar azúcares ocultos y no dejarse llevar por la etiqueta de “saludable” ayuda a prevenir el daño hepático y mantener un hígado sano a largo plazo.