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Puebla

Trasladan al Asesino de Cecilia a Prisión Máxima ¡Fuera Privilegios!

Javier López Zavala, el autor intelectual del brutal feminicidio de la activista Cecilia Monzón, ya no está en Puebla.

En un operativo discreto realizado en la madrugada del 2 de febrero, las autoridades lo sacaron del penal de San Miguel y lo llevaron directo al Centro Federal de Readaptación Social número 1, El Altiplano, en Almoloya de Juárez, Estado de México. Este no es un traslado rutinario; es el resultado directo de la lucha incansable de la familia Monzón, que se cansó de ver indicios de que este hombre, condenado a 60 años, seguía teniendo trato preferencial incluso tras las rejas.

¿Por qué movieron cielo y tierra para sacarlo de Puebla? Todo se remonta a una denuncia pública y valiente de Helena Monzón, hermana de Cecilia. El pasado 5 de enero, Helena reveló algo que indignó a todos: durante una audiencia, un custodio mostró una actitud de "pleitesía" descarada hacia López Zavala, un exaspirante a la gubernatura. Ese momento fue la gota que derramó el vaso. La familia entendió que, mientras él estuviera en ese penal local, su influencia política y económica podía seguir operando, convirtiendo su condena en una farsa. Su temor era claro: que la justicia por Cecilia fuera mancillada por privilegios y conexiones.

Una Decisión Rápida y una Operación Secreta

Aquí es donde la presión pública y mediática demostró su fuerza. Tras la denuncia, las autoridades no pudieron hacerse de la vista gorda. Francisco Sánchez González, titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Puebla, confirmó que la autorización para el traslado se emitió el 8 de enero. O sea, en menos de un mes, la petición de la familia escaló, se evaluó y se ejecutó. El mensaje que quieren mandar las autoridades es claro: no habrá impunidad al interior de las prisiones.

El operativo en sí fue todo un despliegue de seguridad. Según fuentes internas, comenzó alrededor de las 6:00 a.m. del viernes. Imagina la escena: bajo estrictas medidas, extrajeron a López Zavala de su celda en Puebla para emprender el viaje hacia el penal de máxima seguridad más famoso del país. El Altiplano no es cualquier cárcel; es el lugar donde terminan los reclusos de alto perfil y los casos de alta peligrosidad. Su traslado allí sella un cambio radical en su estatus penitenciario: de un entorno donde posiblemente tenía "contactos" y cierta comodidad, a uno donde el régimen es estrictamente federal y de alto control. Hasta ahora, su defensa legal no ha dicho ni pío sobre este cambio de aires forzado.

Lo que Realmente Significa este Cambio de Celda

Este traslado va mucho más allá de un simple cambio de dirección para un reo. Es un triunfo simbólico y concreto para el movimiento feminista y para las familias que exigen justicia real. Representa varios principios fundamentales:

  • Que el poder económico y político no debe comprar privilegios carcelarios. La insistencia de la familia Monzón logró que el sistema corrigiera una falla potencialmente grave.
  • Que la voz de las víctimas puede cambiar procedimientos. La denuncia de Helena fue el catalizador que activó todo el protocolo.
  • Que se busca garantizar la integridad de la sentencia. Con 60 años por delante, la sociedad necesita certeza de que López Zavala los cumplirá bajo condiciones estrictas, no privilegiadas.

Es un recordatorio potente de que la justicia no termina con la sentencia; debe vigilarse su ejecución. Cecilia Monzón fue una luchadora, y su legado sigue empujando para que el sistema funcione. Su caso ha marcado un precedente sobre cómo actuar cuando hay sospechas de que un condenado está burlando, desde dentro, el espíritu de su condena. Ahora, en El Altiplano, la supervisión es federal y el escrutinio público estará más pendiente que nunca. La lucha por la justicia para Cecilia continúa, pero este es, sin duda, un capítulo que cierra con un logro significativo para quienes no claudicaron.

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